Vivir con una niña de dos años y medio, día a día, se torna más interesante y gratificante.

Es cierto que los mosqueos son mucho más intensos, pero también reconozco que me tengo que tapar la cara porque algunas veces se me suelta la risa.

Lo que más llama la atención de los padres durante esa etapa es la rebeldía que adquiere el bebé.

Es un festival de ‘no quiero’, ‘no me gusta’ y ‘no voy’. En consecuencia de eso, puede que algunos bebés empiecen con las terribles rabietas.

Cada día mejoran en sus movimientos, ya consiguen quitar las tapas de los frascos, jugar con piezas de construcción, vestir y desvestir a sus muñecos, cortarles el pelo, en fin ¡todo un lavado de imagen!

El paso a la cama y el interés por la escupidera trae consigo una locura por el habla que no me imaginaba.

Ver: Qué vamos a dejar para los quince?

Habla DE PRONTO desde que pone el primer pie en el suelo por las mañanas, además literal.

Y es que en nada de tiempo, cuestión de meses es una niña auténtica.

Los intereses diarios se están convirtiendo en ir al parque, ir a casa de la abuela y hacer siempre cosas.

Las habilidades como saber esperar su turno, jugar a actividades de fantasía y patear una pelota se denominan indicadores del desarrollo. Los indicadores del desarrollo son las acciones que la mayoría de los niños pueden hacer a una edad determinada. Los niños alcanzan estos indicadores en la forma de jugar, aprender, hablar, comportarse y moverse (como saltar, correr o mantener el equilibrio).

Debido al deseo creciente de su hijo de ser independiente, a esta etapa se la conoce como la etapa de “los terribles dos años”. Sin embargo, puede ser un periodo emocionante para padres e hijos. Los niños pequeños experimentarán grandes cambios intelectuales, sociales, emocionales y de aprendizaje que los ayudarán a explorar y a entender su nuevo mundo. En esta etapa, los niños deben ser capaces de seguir instrucciones de dos o tres pasos, ordenar objetos por su forma o color, imitar las acciones de los adultos y compañeros de juego, y expresar una amplia variedad de emociones.

Todas las tardes hacemos algo y así, el día que nos quedamos en casa, la estancia también se hace especial.